Es cierto que desde hace bastante que no escribimos una línea por este lugar de la red. No se si el motivo de ello estará relacionado con las más que suficientes cosas que debemos hacer en el día a día, o simplemente, y me cito en mi caso, mi naturaleza despistada y a su vez una mente llena de destellos sobre cosas que hacer, pensar e investigar que no me permiten escribir tanto como quisiera. No obstante, aquí estamos.
Sabiendo que tengo pendiente una publicación sobre nuestro paso y vivencias por Sicilia, puedo deciros que más o menos las cosas que aquí quiero exponer son algo así como un resumen "sentimental" de todo ello. No prometo que algún día escribiré sobre la eterna isla, porque como veis, todo depende de diversos factores, pero espero que así sea algún día.
Y es que como. omo reza el titulo, las bifurcaciones en el camino llegan. El recorrido que hace casi un año comenzamos nos lleva al final de una etapa y a toparnos de nuevo con una bifurcación para seguir nuestro camino hacia la ciudad esmeralda. Esa ciudad que tras unas cuantas colinas parece que empieza a resplandecernos con su verde, pero que aún no es sino un destello débil que apenas nos ciega.
El camino que hemos recorrido ha sido más transcendental de lo que habíamos imaginado en un principio (básicamente como todos los caminos que habíamos tomado hasta hace un año), solo que no nos percatamos de ello hasta que nos asalta, como ya he dicho, una nueva dirección a tomar, y hasta que te giras sobre ti y miras con cierto aire de nostalgia pero con una sonrisa esbozada, todos los recuerdos, vivencias, personas, llantos y alegrías que ya has recorrido.
Quizás lo que más duele de todo es precisamente eso, el creer que el camino será eterno, el que el inexorable tiempo jamás avanzará, hasta que un buen día te ves leyendo los diferentes carteles cómo un tonto preguntándote "¿joder... ya acabo? ¿realmente tengo que volver a decidirme?", y es justo entonces cuando todo un bombardeo de imágenes explota, literalmente, en tu cabeza, cuando sientes la necesidad de dar una última bocanada de aire de ese ambiente que te ha rodeado, cuando al despedirte de las personas que has conocido dándoles un abrazo no puedes soltarlas y las quieres llevar contigo, cuando por última vez te ajustas la mochila llena y rebosante de recuerdos y das el primer paso para entrar en el nuevo camino.
Una sensación agridulce, ya que sabes perfectamente que las amistades que has hecho en él jamás se perderán (menos hoy en día con la hiper conectividad que poseemos gracias a las redes), que los recuerdos, mientras vivan en tu mente, siempre permanecerán vivos, y que en un posible futuro, puedes volver al mismo sendero físico (que no sentimental y experimental) para volver a ver los paisajes y lugares en los cuales has estado. Las sensaciones no serán las mismas, pero basta solo un segundo en contacto con algo que evoque a lo que hicisteis para que en tu mente resurjan los recuerdos, las imágenes e incluso las sensaciones.
Son tantísimas las cosas que puedo mencionar de esta estancia italiana de casi un año, que me faltarían palabras, tiempo y sobretodo fuerzas para no llorar, siendo muy difícil mencionar todas y cada una, y hacer distinción unas sobre otras. Quizás lo más importante de todo, al margen de las preciosas amistades que hemos conseguido aquí, que no tienen precio, es el haberme dado cuenta de las cosas que tenemos en común ambos mundos y la superación de algunos miedos que tenia por mi parte al inicio.
Sobre la primera, hemos hablado largo y tendido tanto Diana y yo casi cada día a lo largo de este año. Al inicio no tan positivamente de ello pero conforme pasaba el tiempo, y la adaptación llegaba, hemos dejado atrás los prejuicios para llegar a querer y mucho todo cuanto nos ofrecía no sólo este maravilloso país de acogida, sino también la región y el lugar que nos acogía. Mucha culpa de esto último, además de nuestra propia curiosidad por el mundo que nos rodea, ha sido por una de las materias elegidas en este segundo semestre, Antropología Cultural impartida por uno de los sabios más sabios del Sur a mi entender, el profesor Vito Teti. En ella tuvimos que desarrollar un trabajo antropológico que relacionaba Calabria y Aragón, y para sorpresa de ambos, fue como una revelación que hizo incrementar nuestro amor por esta experiencia y este lugar.
A esta región, Calabria, nacida en edades griegas y que ha sido zona de paso cultural, de mundos y en general de cambios, se le pueden achacar muchos males e incomodidades en el día a día. Carece de organización, infraestructuras, de puestos de trabajo y hasta el clima está más para allá que para acá. Pero todo esto tiene una suma de explicaciones que la compone así como es. Sabiendo el problema de base sobre de la mafia, engranaje muy arraigado dentro de los mecanismos económicos y sociales, se puede ver como esta ejerce una fuerza enorme que todo lo frena, que no deja avanzar a sus gentes ni casi a sus pensamientos. Y no penséis que esto es una película de mafiosos de los 40 donde todo el mundo se dispara por la calle, donde el mundo de Breaking Bad o The Wire se ve a simple vista. No, eso no se ve, pero quizás si se perciba en otras cosas. Pero no todo está sumido solo en el tema mafioso. La propia forma de la región, rodeada por el mar pero llena de montañas altas en su interior, y sus contrastes climatológicos hacen la vida en general dura.
Para no extender esta chapa antropológica y social, diré por último que parte de la situación de su estado actual y parte de su encanto que te enamora, te arrastra y te coge para no soltarte, es precisamente su caos, su tradición arraigada hasta la médula más enfermiza, su quietud en el que hacer, en definitiva, su pulso de vida. Ese pulso que te embriaga cómo un canto de sirena, pero que a su vez te hace reflexionar sobre si realmente no somos nosotros, en vez de ellos, los que nos estamos tomando la vida demasiado "in fretta" (en prisa), sin disfrutar de la consabida "bella vita" y de apreciar cada sorbo de aire que respiramos, cada trozo de pan que nos llevamos a la boca, cada amanecer que nos regala la vida cada día al despertar.
Caos según nuestro propio criterio de regularidad y sistematizacion en el que estamos habituados en nuestro país. Pero un caos en el que día a día viven personas y se desarrolla todo con normalidad. Después de todo si en la India lo pueden hacer, ¿porque aquí y nosotros no? Desde mi punto de vista este "caos" es una exageración que hemos puesto y que hemos estigmatizado todos los que hemos disfrutado de esta región por una primera malísima impresión, pero que a vueltas pasadas, no se puede decir mas, ya que después de todo, si tan mal estuviese, no sería uno de los mejores años de nuestras vidas ¿no?
Cómo ya he dicho y en consonancia con esto último, cuando empiezas a entrever este "enamoramiento" con la Calabria, siempre tienes la sensación de tener el corazón dividido entre la regularidad y el nido de tu madre patria, y el gusto de disfrutar de lo tradicional, tranquilo, afable, campechano y familiar que desprende el sur italiano. Acabo de extender la zona porque nuestro paso por Sicilia fue un verdadero impulso emotivo a todos los efectos sobre esta vivencia.
En contraste con el norte, más frío, más desapegado, más rígido, en definitiva, más del norte (pero sin llegar a ser algo frívolo y carente de humanidad, que no lo es, ya que son acogedores pero a su manera), el sur respira esa sensación de familiaridad, de viejo amigo de nuestra infancia, de llegar a casa, abrir la puerta y oler el estofado de mamá, entender mi metáfora.
Todo lo que te da y sientes en el sur (Calabria, Sicilia, y la que es para mi la capital del sur del mundo, Nápoles) es familiar, acogedor, tradicional y sobretodo humano y vivo, dejándote una sensación de "es una pena como esta todo, porque tiene un potencial muy grande", pero que a la vez cuando recapacitas piensas "mejor dejarlo así y mejorarlo poco a poco, porque perdería su encanto". Como digo, y sin más vueltas, os recomiendo que vengáis alguna vez, olvidéis los prejuicios de "todo esta hecho una mierda y roto, y no hay más que mafiosos" y os dejéis embaucar por estas regiones, que son las grandes desconocidas de Italia, pero que son las que verdaderamente preservan el "vero spirito italiano" según un servidor. Además os puedo garantizar que como aquí no se come en ningún lado, y las playas que tienen no tienen nada que envidiar con el Caribe, y eso que hemos visto la parte fea según nuestros amigos, así que imaginad.
Me estoy extendiendo de más porque hacía tiempo que no escribía, y a su vez porque en parte cerramos una etapa de nuestras vidas que será irrepetible, que nos ha hecho madurar en muchos ámbitos (espero), y en donde hemos crecido tanto mental cómo emotivamente (quitando algún quilo de más que he cogido fijo). Personalmente tenia mis dudas al inicio sobre si tendría el coraje de sobrevivir en otro lugar que no fuese mi casa y sobretodo en otro idioma lejos de la zona de confort. Hoy puedo decir que esta experiencia se la recomendaría a todo el mundo, no solo por el tema de mejorar un idioma, que también, sino además porque te hace captar el mundo de otra forma, y te hace contrastar la vida que tenias, el lugar donde procedes y las formas en las que pensabas.
Me he dado cuenta con toda la pena de mi corazón, que mi país está dilapidando cualquier forma de tener un futuro digno dentro de sus fronteras, que la gente que estamos preparada no nos dejan más alternativa que buscar otras formas para llevarnos el pan a la boca, y que como sucede aquí, es una pena que con el potencial que tenemos se desaproveche por la mala cabeza de cuatro gilipollas de turno. No quiero decir con ello que Italia esté mucho mejor que nosotros y que se sea un paraíso terrenal donde los puestos de trabajo te lo repartan con flyers por la calle. No, esta cada vez peor, nuestros amigos italianos, como nosotros, tienen en mente el volar a otros lugares para poder trabajar y hacer patria allá donde les dejen llevarse un trozo de pan a la boca. Es una pena que una de las generaciones mejor preparada desde hace décadas se vea en una situación de posguerra pero sin haberla habido. Es por ello que pienso que quietos no nos podemos quedar.
Me he dado cuenta también de que lo que comencé cuando inicie mis estudios en Historia del Arte gustaba, pero que al llegar aquí ha sido un "joder si es que me encanta de veras", por lo cual intentaré de una forma u otra el poder, si me dejan, ejercer de ello en un futuro que espero no sea muy lejano.
Me he dado cuenta de que, como ya hemos dicho antes, la vida me ha estado poniendo fases en las cuales me reclama el "piensa un poco, ralentiza tu ritmo en general y disfruta de lo que vives". Señales que creo y espero no sean paranoias mías, pero que se han ido sucediendo año tras año. Por ejemplo el tema de que cada año, de una forma u otra el ya archiconocido por todos vosotros, Camino de Santiago, se cruce en mi trayectoria vital, se manifieste de alguna forma, y que me haga recordar en plan "chisss, chisss, recuerda lo que viviste y sacaste de mi". Que también por ejemplo las acciones que hago y todo lo que vivo me de un capón en la cabeza cuando el estrés surge y me regale momentos inolvidables cuando bajo el ritmo, el cuerpo y la mente. Como ya he dicho no se si serán sensaciones mías, pero se repiten una y otra vez y he decidido hacerles caso de forma definitiva.
Me he dado cuenta (y relacionado con lo anterior) de que las cosas materiales son solo eso, cosas. Debo acercarme más a vivir experiencias, sentir lo que vivo y estar más cercano a la gente que aprecio (viejos y nuevos amigos/familiares), porque son esos los mejores momentos los que se guardan en nuestras retinas, en nuestras mentes, y que cuando seamos viejos jugando a la petanca, recordaremos hasta el final de nuestros días, y que compondrán parte de nuestra memoria cuando sólo seamos un pulso de energía y un recuerdo dentro de las mentes de nuestros descendientes.
Vivir, en general, es lo que me ha aportado esta impagable, increíble, excitante, apasionante, irrepetible, inaudita, excepcional, pulsante y viva experiencia que ha sido mi estancia de 10 meses en Calabria. Fuera de todo lo material, de todas las dificultades, de todas las penurias, de todo lo malo en general, son muchas más las cosas positivas que me llevo en mi maleta virtual de sentimientos de este para muchos "infierno verde atroz" que en el fondo les ha golpeado tan fuerte en sus corazones cómo a mi. Estoy seguro que al final esa negatividad no es más que un susurro entre la gigantesca canción que han compuesto en esta experiencia, tal y como hemos vivido Diana y yo.
Podría pegarme otros tantos párrafos describiendo un millar de cosas que, como imágenes en un sueño, me están golpeando en estos momentos en el cerebro. Podría estar dos meses más dando las gracias a todos los que nos han rodeado en esta experiencia, tanto aquí como desde nuestro lugar de origen. Pero estoy completamente seguro que si me conocéis bien, sabréis por mis gestos, mis palabras, mis afectos realizados en vivo quiénes sois de todos vosotros. Un simple gracias escrito no tiene en estos momentos suficiente fuerza para describir todo lo que siento aquí y ahora.
Quizás nuestro futuro se vuelva a ligar a esta maravillosa tierra llamada Calabria, opciones tenemos. Visitarla de nuevo, esta más que firmado ya, hay mucha gente que deseo continuar viendo no a través de las redes, ya que forman parte de mi familia. Algunos de ellos no entenderán estas palabras escritas en mi lengua materna, pero como ya he dicho lo que importa es el vivo, pero aun así, dedicaré un post remozado de éste solo para ellos en su lengua.
Una cosa tengo clara de todo esto, y es que una vez un camino te golpea con tanta fuerza en el corazón, es imposible olvidarlo, es imposible que deje tu memoria y se pierda en el tiempo. Está ligado a ti, a tu propio ser, hasta el fin de tus días. Ahora solo queda la decisión de tomar un nuevo rumbo, tomar uno de esos posibles caminos de la bifurcación. Pero mientras tanto, bajo la sombra de un árbol, contemplare las baldosas amarillas y me reiré con una nostalgia alegre una vez más, el camino que acabo dejar atrás.