martes, 25 de febrero de 2014

Primer semestre é finito...

La verdad, es que hace menos de doce horas que hemos terminado "el primer semestre", y personalmente no puedo sentirme más satisfecha de todo lo que he/hemos conseguido.
Comenzamos el pasado mes de Noviembre, realizando el "primer enclaustramiento italiano": libros, documentos, redacción de proyecto...para posteriormente y antes de volver a Zaragoza por Navidad realizar las dos primeras exposiciones de sendos proyectos: uno de Francisco de Goya y otro de Picasso, ambos calificados con el máximo voto. No recuerdo mi cara, pero si me acuerdo que me preguntó la profesora que qué opinaba de mi calificación, y no pude decir otra cosa que: Gracias. Increíble pero cierto, estaba satisfecha de que personas que no hablan mi lengua materna me hubieran entendido en su idioma, y hay que ser sinceros, exponer cualquier cosa delante de gente siempre impone y más cuando no son tus compañeros habituales de estudio.

Pero, ¡ay mañ@s!, llegó Enero...y volvimos a la rutina de clases, aunque sólo fueran por dos semanas, ya empezábamos a ver que las "temidas" pruebas de Febrero estaban al caer, así que comenzamos el "segundo enclaustramiento". Lo malo es que nosotros estamos habituados a que en Noviembre, normalmente y si todo va bien el calendario de exámenes está puesto, pero aquí en Italia no...aquí todo va con calma...y te puede pasar como nos pasó: 4 exámenes seguidicos en la primera semana: 5,6,7 y 10 de Febrero. Y no!, no era un error!. Madre mía, no sé cuantas horas de estudio, de lectura de libros, documentos, y apuntes, de nervios... y lo peor de todo: las largas horas de espera para hacer un examen, que encima aquí en Italia es oral. 

El primero empezamos con mal pie, estábamos emplazados a las 9:00h pero la profesora estaba enferma así que nos volvieron a emplazar a las 16:00. Al día siguiente, el horario era a las 16:30, pero estuvimos esperando 3 horas para hacerlo. Y el tercero: literalmente nos mató: las 5 horas más largas de toda mi vida, creo que nunca había entrado a una prueba con tanto dolor de cabeza que ni un ibuprofeno consiguió calmar. Yo pensaba que no se iban a repetir pero estaba equivocada, porque el pasado 18 de Febrero, tuvimos que esperar un día entero y 6 horas para hacer la prueba, ya que como podéis ver en la foto estábamos emplazados unas 63 personas, y cada persona hablando/defendiendo oralmente su examen hacen que ocurran cosas de este estilo.


Pero como dice el Ministro: El Erasmus, no es para salir de fiesta, ni para aprender idiomas. No, es para otras muchas cosas: Sirve para aprender donde están tus límites y cómo defenderte, que tienes que saberte sacarte las castañas del fuego en otro idioma, que "si tu das, puedes recibir", y que casi siempre todo el esfuerzo que has metido se ve recompensado. Eso sí,  regalarte, aquí no te regalan ni el dichoso "statino" o libreto de calificaciones que tienes que redactar cada vez que te presentas a un examen.


Sin embargo, y a lo largo de estos dos largos y tediosos meses, hemos conocido y compartido tantas horas con nuestras compañeras italianas, que nos han hecho la preparación mucho más llevadera. Nos han enseñado que no existen barreras lingüísticas que te puedan frenar para saberte entender y sobretodo, me han enseñado que esta experiencia es mucho más que eso, y que aun estando realmente cansado de cuerpo y mente, cualquier buen rato por mínimo que sea, se agradece, porque el que está a tu lado está exactamente igual de "jodido" que tú.


No puedo olvidarme, ni quiero, de las conversaciones, risas de un pequeño sector español, que también ha estado igual de "jodido", pero que al final, al igual que Adrián y yo han sabido plantar sus genes (por no decir otra cosa) y han sacado las cosas pa´lante, haciendo mención de que aquí nadie regala nada, aunque se piense lo contrario.

Tampoco puedo dejar de hablar de la persona que está a mi lado todos los días, esa persona que en los peores momentos ha sabido estar a la altura, que aunque sé que habido momentos en los que se ha desquiciado (durante esas largas horas de espera), hemos conseguido sacar las cosas para delante, y que si te soy sincera tu cara después de cada examen merecía la pena verla, porque aunque las ojeras nos llegan al suelo, y hemos pasado malas noches: en vela, o durmiendo más bien poco al final hemos llegado al reto que nos planteamos en Octubre y la nota media ha sido satisfactoria, no, lo siguiente!.

No sé si han sido las velas de la Candelaria, los rezos a la "Pilarica", el jamoncico de Teruel, la longaniza de Graus, el apoyo y los ánimos que recibimos de aquí y desde España, o esa rasmia aragonesa que sale cuando menos te lo esperas, pero es que está experiencia con todo: lo bueno y lo malo, está siendo de las mejores cosas que he podido hacer en mi vida, y encima lo comparto con Adrián, así que sólo puedo esperar que el Segundo Semestre en donde se nos plantea el reto del Proyecto Final de Carrera, sea como este, y que sigamos haciendo camino poquico a poco.


martes, 11 de febrero de 2014

Pequeños placeres

Finalmente no he podido cumplir la promesa de escribir antes de un mes como ya pasó la anterior vez. Pero como todos sabéis, los meses de enero y febrero son meses de estres, lectura y exámenes. Un sin parar de memorizar datos en bruto y hacer cosas a marchas forzadas, compaginar fechas y agendas para llegar a los nervios, la desesperación y al miedo. Y creerme que te da igual haber pasado 355 exámenes en tu vida, que cada uno de ellos va a ser un infierno sobre la Tierra hasta que no te sientas y te preguntan que leches quieren que les digas para que te pongan la nota que te mereces.

Siempre he pensado que la forma de aprender las cosas cuando somos adultos es una completa tontería. No por meter horas y horas sobre líneas escritas vas a saber más. No por hacerte infinidad de esquemas y soltar cual loro en su jaula una serie de palabras casi de forma seriada y sin significado eres más válido que el que tienes al lado tuyo. Se premia a los que tienen más memoria y se masacra aquellos que no. Por eso pienso que las cosas tendrían que ser un poquito más prácticas, ya que, confesad, la mayoría de los presentes habéis olvidado casi casi completamente todo lo que habéis estudiado y solo recordáis aquellas cosas que o bien os apasionan, o bien el profesor/compañero de clase de turno soltó una parida para que lo recordaseis. Eso es tan universal como la maldita ley de Murphy.

Pero bueno, dejemos de lado este tema porque no me quiero encender. De momento nos está yendo de maravilla aquí en la Calabria con los exámenes, y solo faltan dos para hacer el pleno. Seguiremos confiando en el altar que tanto mi madre como nosotros tenemos instalado en casa, y que las conjunciones astrales sigan alineadas a nuestro favor.

Hoy me gustaría hablar sobre esos pequeños placeres que todos hemos disfrutado alguna vez y que te hacen pensar "¡Dios que bien!" o "¡Joder que bueno!". Pequeñas cosas que te hacen el día más feliz y que se disfrutan como si no hubiera un mañana. Pequeñas cosas que por suerte suelen venir entre días estresantes (como la época de exámenes) o entre días de relajación absoluta tras un periodo jodido. Y es verdad que, amigos mios, aunque las circunstancias que nos rodean normalmente nos dan por saco cada hora, hay cosas que nos salvan de la locura y que dan sentido a las cosas que hacemos.

Ayer sin ir mas lejos tuve ese momento "Nespresso" ("What else?") tras hacer mi último examen. De esto que te ves en mitad de la naturaleza, mirando el horizonte, observando las nubes y escuchando los pajaritos piar, con una cerveza en la mano y detrás tuyo cocinandose al son de las brasas de la parrilla, unas pechugas con dos "peazicos" de longaniza de Aragón. Como se diría en mi tierra "pa que más". Pensando, la verdad es que no se necesita más que eso para ser feliz. Muchas veces queremos en demasía cosas banales que no sirven para nada. Pero esto... esto te da vida.

Tambien podemos considerar un pequeño placer "della vita" el conocer gente nueva, entablar amistad y salir a tomar unas copillas con ellos. En nuestro caso actual, no hay nada mejor que estar intercambiando cuestiones culturales con nuestros hermanos italianos, hablando de todo un poco y que nos entiendan y viceversa. Si una cosa me he dado cuenta de pleno en todo este camino recorrido es que si o si, debo estudiar diversas lenguas. La meta es aprender bien el italiano pero después retomaré a mejorar el inglés. Después de esto, los reyes me trajeron un libro de iniciación al alemán y tampoco descarto la idea de saber lo más basico del chino, potencias del futuro a mi parecer.

Siguiendo con los pequeños placeres, otro de ellos es acurrucarte en casa con una manta y ver la tele o una película/serie en con una buena compañía. No hay nada mejor que ir comentando las "jugadas" en sociedad, cosa que por cierto se está perdiendo en el cine, donde gente estirada te manda callar si hablas incluso susurrando en la sala. Tendríamos que aprender de los americanos (poca cosa pero esto si) sobre lo que es ir al cine: palomitas por doquier, risas, comentarios... como si estuvieses entre una cuadrilla de amigos, que es lo que realmente mola.

Por último, y por no alargarme en exceso, ya que podría citar un millón de pequeños placeres (ver la estrellas tirado en el suelo, echarte un vicio un domingo por la mañana, leer un libro en un parque, hacer una merienda con el pretexto de ir hacer fotografías, meter los pies en un río o en la arena del mar, comer el dulce que más te gusta del mundo, tocar el pelo de un animal, que te hagan un masaje, estar con tu familia reunidos un fin de semana... y un largo etc), MI placer, y lo digo con mayúsculas, es andar con Diana mientras cae el Sol del atardecer dando un paseo al lado de un río. 

Y lo pongo en genérico, ya que por suerte, tanto mi ciudad natal Zaragoza, como la ciudad de mis sueños, Roma, poseen río. Y creerme que no hay nada más romántico (no en el sentido del amor, sino en el sentido artístico y visual), que andar justo al lado del río a paso lento, hablando de cualquier tema de ese momento, mientras la luz aranjada del horizonte cae poco a poco hasta fundirse con la noche. En el caso de Roma, si vais dirección Isla Tiberina hacia Castel Sant'Angelo es todo un espectáculo que se os quedará grabado en las retinas. Si habéis visto la película "La Grande Belleza" (recomendadísima) y habéis visto los créditos del final, podéis haceros un poco (poquísimo) a la idea de lo que hablo. En el caso de Zaragoza, para mí cobra un sentido especial, ya que la puesta de sol se realiza tras la Expo, con su característico perfil, y además para Diana y para mí, como muchos otros zaragozanos, la Expo tuvo un significado muy especial.

Soy un romanticón, lo sé, pero la verdad es que estas cosas son las que te hacen recapacitar sobre lo que haces, sobre quien eres y sobre como quieres que siga tu vida. Porque de todos vosotros, ¿quien no se ha parado mirando el horizonte, y pensado "¡Que gozada!¡Que maravilla!" alguna vez en la vida?

Con una guitarra melódica de fondo del vecino me despido por hoy. Como veis hasta escribir estas líneas son un pequeño placer de la vida. Seguimos con la senda amarilla.