Y es que hace tiempo que tengo la sensación de que ha llegado el momento de "despegar las alas" por mi misma, de explorar y sentirme ciudadana del mundo. Ese mundo que en ocasiones te engulle de tal forma que querrías hacerte tan pequeño que nadie se diera cuenta de que estas...pero al fin y al cabo formas parte de él, para bien o para mal...
Ya sólo quedan días, desde que hace unos meses nos dieran esa buena noticia, que yo personalmente recibí entre lágrimas, por diversos motivos...lágrimas de alegría, y un poquito de pena, pero sabiendo que voy a estar muy bien acompañada.
Ains madre, quien me lo iba a decir a mi...cuando hace unos años, una profesora de la facultad nos hizo la observación: Oye, os habéis planteado mirar al exterior?. Realizar un intercambio.... y claro, en ese momento ni te lo planteas, pero el tiempo va pasando, tu situación personal va cambiando y piensas: ¿porqué no voy a poder tener esa suerte?, ¿Por qué por una sola vez, van a pensar que soy una buena candidata para una beca?. No nos han regalado nada, y bien sabéis que hemos sufrido, pasado horas interminables de estudio, y fines de semana de sacrificio, que he de reconocer que sin la persona que quiero a mi lado y viviendo lo mismo, hubieran sido insufribles, pero la verdad es que al final hemos podido sacar la cabeza del pozo, y estirar el cuello como las avestruces, para decir: Esta vez si, esta vez es nuestro momento, y vamos a disfrutarlo al máximo.
En unos días, estaremos en tierras italianas... esas tierras del sur que tanto miedo le dan a mi abuela, y que tantas ganas tengo de descubrir..Vamos a las antiguas "colonias" aragonesas del sur de Italia, una zona tachada por la "mafia", por los movimientos de tierras, una tierra que ni la mismísima paleta de mi querido Rafael sería suficiente para plasmar todos los colores del luminoso Mezzogiorno... Ese pie de la célebre bota italiana, cansado de que se le compare con el industrioso Norte, despliega su historia milenaria a los largo de más de 4000 km de litoral. Desde las cimas de los Apeninos, balcón asomado al Mediterráneo en el que acaba hundiéndose, se pueden admirar los contrastes de relieve entre las colinas volcánicas y las pequeñas llanuras de olivos que se extienden a sus pies.
Y es que la antigua Magna Grecia, tierra de asilo de grandes como Pitágoras, donde las siluetas del Vesubio y del Etna, sirven de marco y telón de fondo a la hechicera bahía de Nápoles, puerta de entrada a la magnífica costa amalfitana.
Pero lo mejor de todo, es que creo que nos vamos a sentir como en casa, ya que en Cosenza, sus calles y palacios recuerdan el esplendor de las épocas angevina y aragonesa. Por aquel entonces Cosenza estaba considerada la capital artística y religiosa de Calabria. Su catedral es de los siglos XII y XIII y todavía alberga el mausoleo que contiene el corazón de Isabel de Aragón. La reina de Francia, hija de Jaime I, que murió en dicha ciudad en 1271, cuando regresaba de Túnez con los restos mortales del rey San Luis.
Como podéis ver es una ciudad que merece la pena conocer, y además para poder apreciarla realmente debemos conocer antes un poquico de su historia. Por lo que sé tiene, muchos sitios interesantes, pero hay uno que me llama realmente la atención y es el Museo MAB (Museo al aire libre), que alberga esculturas de arte moderno, que se encuentran sobre la calle, al alcance de todos, y que fueron donadas a la ciudad por el hombre de negocios y coleccionista de arte Carlo Bilotti. Personalmente, me he enamorado de esta figura de Dalí, desconocida para mí, y que representa algo tan aragonés como es la figura de San Jorge y el Dragón y con una iconografía tan explícita, que en estos momentos aún si cabe tiene un mayor significado para mí.



Desde luego, el momento está ahi para vivirlo, disfrutarlo y ser un cambio de rumbo en nuestras vidas y en nuestras mentes
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