Estos último meses se han caracterizado por el habitual estrés pre y post exámenes añadiéndole el extra de pepperoni sobre el jaleo universal de la burocracia inmensa para los papeles internacionales. Cuando la naturaleza es una clara expresión de la simplicidad y las formas sencillas (tal y como las plasmaban las visiones de los artistas modernistas), el ser humano se empeña una y otra vez a crear enredos y laberintos sobre su propia existencia. La burocracia es un perfecto ejemplo de ello. No obstante, una vez pasado el trago mecánico y frío del papeleo, la mente se relaja para pensar y ver otro tipo de cosas más importantes.
Varias metas me he impuesto para realizar en este tiempo de aproximadamente un año. Proyectos de diseño, investigación por otra parte, y como no, cosas personales que tenía que acabar de realizar y que por A o por B siempre dejamos aparte para hacer otro tipo de cosas ociosas que quizás no aporten nada importante. Una de todas estas metas ha sido el comenzar a cuidar un poco más mi cuerpo, mirar más por este cascarón que porta mi cabeza ya que en definitiva, es el que tengo que conservar hasta esas últimas palabras.
En mis caminatas y ejercicios varios la mente se despierta para pensar de todo un poco y nada en concreto. Una experiencia que ya había vivido en ese año 2007 como comenté en el primer post. Os recomiendo encarecidamente que probéis algún día salir un largo rato ausente de mp3s, moviles, etc y que solamente andéis, fijéis la vista en un punto y escuchéis simplemente vuestro cuerpo. Algo así a lo que hacen los monjes de la secta Zen cada día. La cabeza os empezará a bombardear con pensamientos y al final de todo, os aseguro que sacaréis conclusiones y os libraréis de dudas. Una cierta forma de paz interior.
En estas travesías me ha dado por mirar atrás, hacer un repaso de mí mismo, de las cosas que en parte dejaré atrás tras mi marcha y de toda la gente que leéis esto y la que por una u otra razón ya no forma parte de mi vida. Sumémosle además que otro de mis proyectos es restaurar las fotos familiares y de años atrás, con lo que la memoria se despierta aun más, dando un resultado abrumador y la mezlca extraña entre melancolía y ganas de empezar todo.
Melancolía porque hay momentos que forman parte de mi recuerdo, que extraño el no poder vivirlos de nuevo (hay tantisimos que podría hacer una lista y no acabaría) y en otros casos me gustaría que se hubieran desarrollado con otro matiz más feliz. Melancolía porque aunque no me voy a Kuala Lumpur, aquí dejaré ciertas personas durante un largo tiempo que forman parte de mi día a día y que necesito a mi alrededor para establecer esa "zona de seguridad" que todos tenemos. Melancolía porque en parte el no saber que va ha suceder da miedo y salir por primera vez de esa zona de confort por un largo tiempo asusta, pero nos enfrentaremos a ella con todo de nuestra parte.
En cierta manera no me hago aún al 100% la idea de que en apenas un mes y medio marcho para la tierra que una vez fue de la Corona de Aragón, aun a pesar de que ya tenemos más que reservados y mirados los billetes de ida. Supongo que me haré a la idea cuando me vaya despidiendo de forma definitiva a mi familia y sobretodo cuando vea a mi madre llorar cuando coja las maletas (Mamá sabes que no lo vamos a poder evitar). Mientras, tengo una sensación perpetua de que como que esto no va conmigo y que en septiembre parto para un destino como si de unas vacaciones quincenales se tratasen, pero no es así.
Por otra parte, y no se si es recursivo de mi naturaleza, tengo ganas inmensas de vivir la experiencia, de ver, conocer y descubrir nuevas metas y sobretodo, de lograr de nuevo superarme a mi mismo, de reinterpretarme una vez mas, ya que en definitiva y por lo que voy viendo en estos 28 años de vida que tengo, la vida se basa una y otra vez en superar barreras y sobrevivir a lo que te va imponiendo el destino. Tengo ganas de vivir la experiencia de la Italia de verdad (no la turística de manual), de que se me quemen las camisetas al plancharlas, de cocinar algo y que sepa a rayos, de entablar amistades en otros idiomas y que me entiendan, de vivir una experiencia cercana a lo que esperemos sea nuestra vida cotidiana con la persona que quiero, de finalizar la carrera que comencé y de plasmar los conocimientos que he adquirido en todo este tiempo en una investigación (y sí, está relacionada con mi pasión sobre los videojuegos). En definitiva de casi comenzar una nueva vida, pero no olvidando jamás quien soy y que tengo a 2500 km.
El inicio se acerca a cada paso de esos nueve km diarios que ahora hago. Solo espero estar a la altura de las circunstancias y dar todo cuanto este en mi mano para seguir andando más allá en este camino de baldosas amarillas.
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